Para
construir la paz hay que trabajar por la justicia, esta es una consigna que seguramente
no entienden los pequeños, pero sí los mayores.
En los
quince años de su vida escolar estos jóvenes de Bachillerato, a finales de
enero, han gastado ceras de colores, han recortado cientos de palomitas blancas
y empleado metros de papel continuo. Ya es hora de pasar a tener visiones más complejas
de la paz, el camino es el estudio.
El
pasado 31 de enero pusieron su último eslabón en esta cadena pacifista, no ideologizada, enganchado con el de los compañeros de Educación Infantil. La escena y su
significado contienen una fuerza extraordinaria, los más pequeños -3 años- en
brazos de los más mayores; son dos generaciones diferentes y el futuro les
pertenece. Unos empiezan a ver el mundo con ojos infantiles, los otros van a
tener ya la oportunidad de comenzar a transformarlo con ojos de adulto.

Crear espacios de reflexión interior y encuentro con los demás en clave cristiana constituye un recurso fundamental en la construcción de nuestra identidad como personas. Por esa razón también la jornada de convivencia de Bachillerato se reviste de importancia y se cuida con todo interés.

Crear espacios de reflexión interior y encuentro con los demás en clave cristiana constituye un recurso fundamental en la construcción de nuestra identidad como personas. Por esa razón también la jornada de convivencia de Bachillerato se reviste de importancia y se cuida con todo interés.
Tuvo lugar el 11 de febrero en la Parroquia del Sanctissimum Corpus Christi, allí, una vez más, nos permitimos
un respiro espiritual, a fin de aliviar las tensiones académicas y de revisar
el sentido profundo que tiene la tarea diaria.







